domingo, 24 de octubre de 2021

Venezuela puede convertirse en un paraíso para la inversión real

En la actualidad y a nivel mundial, existe una gran cantidad de capitales ociosos de origen lícito, pues sus propietarios han perdido el rumbo y “viajan sin los instrumentos de navegación adecuados, como eran el sextante y la brújula del pasado o el GPS actual” –metáfora– y algunos están buscando, qué hacer con su dinero, puesto que hacen apuestas que tienen riesgos evidentes, tales como son las volátiles criptomonedas o peor aún, la ocultación de sus fondos en la banca offshore de los paraísos fiscales, porque después de 50 años desde el repudio de los acuerdos de Bretton Woods en 1971 por Mr. Nixon, debido a la eliminación del patrón oro, al uso del dinero fiat, al keynesianismo y a la pandemia Covid-19 reciente, la liquidez monetaria y la deuda global se han disparado hasta cifras astronómicas y el dinero ha ido a parar en su mayoría a manos de algunos pocos, y en opinión de varios analistas reconocidos, se avecina una recesión mundial apocalíptica, peor que la ocurrida en 1929 –la gran recesión del siglo XX, después de la euforia de los locos años 20–.

Un inversor en economía, es la persona que renuncia al gasto del dinero en el presente, para colocarlo en algún tipo de negocio, con la esperanza de obtener una rentabilidad en el futuro, preservando y aumentando el capital invertido.

Para poder invertir en cualquier negocio, se requiere poseer el dinero o capital, que cuando es de origen honesto se obtiene como producto del trabajo y del ahorro o, por otra parte, mediante la solicitud de dinero prestado.

Existen dos tipos de inversores: los inversores reales que son los productores, quienes invierten su dinero en negocios estables, con riesgos relativamente bajos, se preocupan por la calidad de los productos o servicios que se generan con su inversión, obtienen rentabilidades razonables que generalmente involucra medianos y largos plazos para lograr un retorno de lo invertido, siendo que de esta forma se debería generar empleo sustentable y bien remunerado, estabilidad, paz, prosperidad, bienestar y crecimiento del PIB para las naciones –caso de Mr. Bill Gates–.

Por otra parte, existen los supuestos “inversores” especulativos, que más que inversores son especuladores, quienes en la mayoría de los casos utilizan solo dinero prestado o algún dinero propio pero en bajas proporciones –apalancamiento que podría ser de 1 propio vs 100 o más tomados a crédito–, buscando obtener ganancias en el corto plazo, producto de la fluctuación de los precios y de las tasas de cambio –comprando barato y vendiendo caro–, corriendo riesgos de quebrar junto con sus prestamistas y los países donde operan y sin que les interese saber cómo se produce la ganancia, ni los daños colaterales que puedan causar con sus praxis, siendo que, ese tipo de inversiones son en su mayoría estériles aunque no inocuas, pues no producen ningún tipo de bien, servicio o beneficio a los países –caso de Mr. George Soros–.

Las crisis económicas cíclicas que ocurren a nivel global, son en su mayoría producto de: expansiones exponenciales de liquidez, malas prácticas crediticias e inversiones especulativas y por esa razón, ese tipo de inversiones no son las que necesita Venezuela actualmente para recuperarse de su crisis, puesto que ya ha estado expuesta por casi medio siglo, a la praxis que algunos llamaron eufemísticamente rentismo, cuya escalada se inició desde finales de 1974, cuando se destapó la caja de Pandora en el país, al eliminar el bolívar oro, lo que permitió implantar una teoría económica fracasada llamada keynesianismo, donde se promueve la generación de dinero fiduciario –físico o digital– por parte del banco central, sin respaldo y sin límites, para financiar el gasto fiscal, promover el populismo y permitir el apalancamiento a los especuladores, quienes usaban a través de instrumentos crediticios el dinero de los depositantes, para adquirir divisas que enviaban a bancos del exterior, produciendo inflación y devaluación de la moneda nacional de manera recurrente, con lo cual licuaban sus deudas y obtenían grandes beneficios, arruinando así al país y a sus ciudadanos.

Una vez entendida la causa real de la crisis nacional que es de origen monetario y financiero, ahora estamos en condiciones de dar un giro de 180 grados a la economía nacional y corregir los paradigmas políticos y económicos errados, que tanto daño y sufrimiento le han causado a los ciudadanos, para hacer que el país se convierta en un polo de atracción sostenible para los inversores de le economía real, que son los productores de la riqueza.

Para que este sueño se convierta en realidad y no sea otra pesadilla más, en vista de que los inversores reales son entes racionales que buscan hacer negocios serios, estables y rentables, se requieren una serie de reglas y condiciones de inversión, tales como son entre otras las siguientes:

Existencia de una moneda nacional fuerte, estable y confiable, que permita conservar el valor del dinero, para controlar la inflación, de modo que los ciudadanos puedan trabajar y ahorrar y que ese ahorro se convierta en inversión productiva –este objetivo se puede lograr así: respaldando y redimiendo al nuevo bolívar con oro, eliminado el uso de la reserva fraccionaria, manteniendo la base monetaria igual a la liquidez monetaria, colocando un encaje legal del 100 % a los depósitos a la vista y por último, regulando y optimizando el otorgamiento de créditos en bolívares y/o divisas, para aquellos inversores reales confirmados que lo requieran, que deben basarse solo en captaciones de depósitos a plazo fijo, los cuales deben ser bien remunerados, para que haya una relación ganar-ganar entre depositantes, bancos y prestatarios–.

Libertad de cambios, circulación y transacciones, dentro del territorio nacional, con cualquier tipo de divisa que traigan los inversionistas de cualquier parte del mundo, donde el gobierno y las entidades financieras permitan la implementación y la oferta de todo tipo de instrumentos activos y pasivos eficientes para sus clientes, para que se sienta el aporte y el soporte de una banca seria y ética, que reconoce, conoce y apoya a sus clientes y que no esté pendiente de ver como se apropia del dinero ajeno para mandarlo convertido en divisas al exterior, tal como ocurría en el pasado, defraudando la confianza de los depositantes, que entregan sus fondos en custodia, lo que no implica la entrega de la propiedad del dinero a los custodios.

Como los factores de producción son: tierra – recursos naturales –, trabajo, capital, tecnología, capacidad administrativa y capacidad empresarial, teniendo en cuenta que en el país hay recursos naturales y oferta de trabajo en abundancia, se debe promover y preferir a los inversores que aporten su experiencia –know how–, tecnología, capacidad administrativa y capacidad empresarial, por encima del capital, que, aunque también es importante, no es suficiente por sí solo para que las inversiones sean exitosas y sostenibles –favor leer sobre la ley de los rendimientos marginales decrecientes–.

Debido a que las inversiones reales son de mediano y largo plazo, en necesario y fundamental que existan: estabilidad democrática y política, estabilidad cambiaria, seguridad jurídica y seguridad personal, para todos los ciudadanos nacionales y extranjeros sin excepción.

El buen funcionamiento de las infraestructuras de transporte, de telecomunicaciones y los demás servicios públicos son también de vital importancia y teniendo en cuenta que el estado no se ha caracterizado por ser un buen administrador de las empresas públicas, sería prudente que algunos o todos esos servicios fueran ofrecidos mediante licitaciones transparentes en concesión a inversores internacionales de reconocida experiencia, solvencia, trayectoria y credibilidad, para que ellos hagan las inversiones, reestructuraciones y mejoras requeridas y que en vez de ser una carga financiera para el gobierno nacional, estatal o municipal, se conviertan en fuentes de ingresos seguras, tales como son regalías, rentas, dividendos e impuestos, que sirvan para remunerar adecuadamente al resto de empleados públicos y permitan ofrecer ingresos razonables al personal pensionado, en vez de utilizar la emisión de dinero sin valor por parte del banco central, lo que termina arruinando al país. Este cambio de política económica es una forma para recuperar el salario real del trabajador venezolano y promover el retorno de los migrantes.

Espero que estas cortas pero profundas reflexiones hechas de buena fe, sean de utilidad y se puedan poner en práctica, porque Venezuela debe renacer como el ave fénix, pues el país tiene un gran potencial para ser un paraíso orientado a la inversión real, privada, honesta, nacional e internacional, siempre que se cree y se mantenga el ambiente propicio para atraer y conservar los capitales e inversores honestos y capaces, tal como lo han hecho motu propio recientemente un grupo de ciudadanos de origen chino, que no han dudado en venir e invertir sus activos dinerarios en divisas, comprando muchos negocios quebrados y abriendo inicialmente quincallas, donde venden diversos tipos de productos nacionales e importados a precios razonables, evitando oligopolios, monopolios y especulaciones, siendo que gran parte de las divisas de origen lícito que circulan hoy en la economía nacional, son producto de estas inversiones en la economía real de Venezuela.


Saludos cordiales,


Alejandro Uribe: Economía y Política
Ingeniero, Consultor de Empresas e Investigador

Publicación Inicial: domingo, 24 de octubre de 2021
en http://auribe-economia-y-politica.blogspot.com/

Nota: este artículo original de mi autoría, fue publicado en el 
prestigioso diario El Nacional, el 19 de octubre del 2021 y está en el enlace: Venezuela puede convertirse en un paraíso para la inversión real

domingo, 3 de octubre de 2021

Plan de contingencia

La gestión de riesgos es una actividad que permite: identificar, analizar, cuantificar la probabilidad de ocurrencia y el posible impacto producido, por efectos de eventos adversos, a que pueda estar sometido un ente, tal como puede ser: la humanidad, un país, una organización, una comunidad, un proyecto o una persona en particular, para buscar e implantar soluciones eficaces, que sirvan como: prevención, corrección, mitigación y/o recuperación, de los problemas derivados por cualquier situación sobrevenida fortuitamente.


En principio, se podría considerar el riesgo, como una función dependiente de dos variables que son, el tipo de amenaza y la vulnerabilidad que representa esa amenaza para el ente en cuestión y por supuesto que, dependiendo de la magnitud y de la complejidad del ente estudiado y sus procesos, pueden existir cientos de amenazas y por lo tanto, a los efectos de este artículo, me enfocaré solo en algunos como son las organizaciones empresariales y dentro de ellas, específicamente analizaré solo el área de sistemas de información, que es la disciplina de mi especialidad.

Dentro del mundo de los sistemas de información, podemos encontrar diversas divisiones tales como son: la infraestructura tecnológica, las telecomunicaciones, el firmware y el software, siendo que dentro de esta última división podemos distinguir entre software: ambiental –sistemas operativos, manejadores de bases de datos, antivirus, lenguajes de programación–; de productividad –Word, Excel, Power Point– y las aplicaciones –que pueden ser entre otras: crédito, pedidos, inventarios, despacho, facturación, cobranzas, cuentas por pagar, nómina, contabilidad, etc– que dependen del tipo de servicio o de producto que genere la institución empresarial y estas aplicaciones son quienes aportan la inteligencia –reglas de la empresa– en forma de funcionalidades digitalizadas, para efectuar las diversas operaciones del núcleo del negocio.

El ciclo de vida de un sistema de información se puede dividir en 7 fases que son: definición, análisis, diseño, construcción, pruebas, implantación y post implantación, siendo que desde la primera fase de definición, es necesario comenzar la actividad de gestión de riesgos, puesto que uno de los productos entregables para cada sistema informático que se implante en una organización, es el plan de contingencia, que le permitirá a la compañía mantener la continuidad del negocio, ante la presencia de cualquier evento adverso que le pueda ocurrir durante la operación normal y además recuperarse de la manera más rápida y menos traumática posible.

Debido a las diversas amenazas a las que puede estar sometido el funcionamiento de un sistema, para poder: identificar, analizar, cuantificar y considerar las vulnerabilidades de mayor importancia, con el propósito de crear planes de contingencia adecuados –planes B–, es normal que el equipo del proyecto –compuesto por técnicos y usuarios– haga preliminarmente una tormenta de ideas, donde en una matriz bidimensional, en la primera columna de cada fila se indique una amenaza posible y a continuación, en las siguientes columnas se coloque una calificación de la vulnerabilidad a la que está expuesto el ente empresarial, mediante una probabilidad de ocurrencia del evento adverso y su porcentaje de impacto sobre el negocio, pero debido a que es posible que la lista de amenazas sea muy extensa y como los recursos son siempre limitados, se deben priorizar las amenazas a considerar, basados en los porcentajes de ocurrencia y en el impacto de la vulnerabilidad sobre la empresa, para lograr obtener planes de contingencia realistas, eficaces, eficientes y óptimos de ser posible, dependiendo de cada situación particular.

Dentro de la lista de vulnerabilidades encontradas por el equipo de proyecto, es normal que aparezcan algunas debidas a fenómenos tales como: caídas de meteoritos, tormentas solares, interferencias magnéticas, terremotos, tempestades, inundaciones, tsunamis, derrumbes de estructuras, incendios, fallas de electricidad o telecomunicaciones, fallas de servidores, daños en bases de datos, fallas del control de calidad de nuevas versiones de software ambiental o de aplicaciones, obsolescencia de infraestructura o de sistemas, guerras, sabotajes, falta de personal adecuado, inconsistencia en el código fuente, falta de documentación actualizada, etc.

Una vez determinada con la alta gerencia, cuáles son las amenazas priorizadas para los que deben prepararse los planes de contingencia, es necesario asignar los recursos humanos, físicos y financieros adecuados, para poder continuar junto al desarrollo del sistema, con las fases subsiguientes del plan B, donde es muy importante que los protocolos de contingencia establecidos sean: probados, documentados, conocidos por los usuarios, actualizados y que periódicamente se hagan simulaciones con líderes responsables y capacitados, para garantizar que dichos planes funcionan correctamente y no son solo letra muerta.

Dependiendo de los recursos económicos asignados y del tipo de contingencia presentado, tales planes de contingencia pudieran ser muy sofisticados e incluir instalaciones redundantes en paralelo, ubicadas en sitios remotos geográficamente, con servidores tipo espejo, donde se mantiene toda la información duplicada y sincronizada en tiempo real, lo que puede garantizar un servicio cercano al 100%, para que las fallas sean incluso imperceptibles para los usuarios, pero también es necesario considerar que para cuando toda la tecnología digital falla –situación que puede ocurrir con más frecuencia de lo que nos podemos imaginar– junto con los procesos automatizados se deben tener procedimientos manuales redundantes, funcionales, eficientes y confiables, que permitan mantener las operaciones del negocio, bajo las condiciones más adversas y por largos períodos de ser necesario, mientras se pueden solucionar las causas de las posibles fallas sobrevenidas y regresar a la normalidad.

Aunque los planes de contingencia son buenas prácticas profesionales en sistemas automatizados, debido a los costos que representa la redundancia de sistemas y procesos alternos, es difícil encontrar instituciones, donde estén implantados y actualizados a conciencia dichos planes de contingencia, excepto quizás en las grandes corporaciones de tecnología del tipo Microsoft o Google, quienes invierten gran cantidad de sus recursos, para mantener su funcionamiento en niveles cercanos al 100% o recuperar sus servicios en corto tiempo, teniendo interrupciones mínimas, para evitar la posibilidad de “apocalipsis informáticos” (metáfora), pero no es bueno despreciar u olvidar la importancia de los sistemas analógicos y de los procesos manuales alternativos, por si hay que echar mano de algunos de ellos en momentos de crisis.


Saludos cordiales,


Alejandro Uribe: Economía y Política
Ingeniero, Consultor de Empresas e Investigador

Publicación Inicial: domingo, 03 de octubre de 2021
en http://auribe-economia-y-politica.blogspot.com/

Nota: este artículo original de mi autoría, fue publicado en el 
prestigioso diario El Nacional, el 21 de septiembre del 2021 y está en el enlace: Plan de contingencia